No estaba segura de lo que buscaba en esa conversación, si necesitaba escuchar alguna palabra que me ayude a definir lo que me estaba sucediendo, alguna palabra en la que no había pensado, alguna enfermedad nueva que solo le da a un 0.001% de las personas de este mundo, o es que acaso alguna maldición había podido llegar a mi, que va! si esas cosas no existen, pero no entendía que sucedía, no entendía porque tanto vacío.
Las dos estaban sentadas en esa gradería de escalones rojos,se alejaron del grupo para evitar ser escuchadas, mi confidente estaba atenta a cada palabra que iba pronunciando mientras yo narraba esa triste historia.
Ambas pensaban en las posibles causas, trataban de entender hilando historias, buscando porqués, escarbando los planes del destino, y yo... yo me volvía loca.
No tan lejos, lo veía a él, convirtiendo su carrito en un robot, con la mirada atenta a cada pieza, a cada figura, a cada color. Buscaba terminarlo de la mejor manera, concentrado solo en su juego, veía su paz y extrañaba sentirme igual a él. Volteé al notar la humedad acercarse a mis ojos.
De pronto, así sin avisar, como cuando encuentras un billete en el bolsillo de tu pantalón, como cuando suena la canción exacta cual soundtrack, como cuando te regalan tu dulce favorito, sentí unos brazos rodeando mi cuello, unas manitos pequeñas uniéndose debajo de mi cabeza, unos cachetitos fríos pegándose a los míos, un cuerpito de ochenta centímetros regalándome lo tibio de su piel, apretando fuerte, sin soltar, con la seguridad de quien sabe donde debe estar, como quien elige los ingredientes para preparar su receta estrella, y yo me rendí.
Mis manos buscaron acariciar esa espaldita, tratando de no apachurrar tan fuerte, calmando mis nervios, logre unirme a ese abrazo, torpe y con voz bajita le pedí que no me suelte.
Y agradecí.
Él me salvó. El latido de su corazón me volvió a la vida, me enseñó cómo debo volver a hacerlo vivir, la caricia de su suave cabello en mi mentón me calmó, esos ojitos pequeños me regalaron la paz que llevaba buscando las últimas semanas, y sentí, sentí que todo estaba bien, que tal vez no sepa que pasa ni que pasará, pero yo estaba aquí y mi presencia a él lo hacía feliz, yo tuve la dicha de contemplar esa sonrisa bien estirada mientras me envolvía con tanto amor.
Ahora se que esa siempre fue la respuesta,amor.
Respuesta o solución? Ya no importaba, este momento era mío y no había dicha más grande para mi.
Él no sabía la historia que yo estaba narrando, él no tenía idea de cuan rota estaba yo en ese momento, él me sintió, se acercó y se quedó, todo el tiempo que lo necesité, él se quedó abrazando mis pedacitos, y así como a su carrito, él me construyó, me regaló la sonrisa más sincera llenando el absurdo vacío que yo sentía, no se como explicarlo, es cosa de ABRAZOS.
(Esta historia sucedió en una mañana de noviembre, en un albergue, donde Adrián de ocho años se convirtió en mi héroe y yo en su protegida :))
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